Hace
unos días,se cumplió un quincenio del asesinato del reportero gráfico José Luis
Cabezas,tras haber fotografiado el rostro de un empresario que no lo exhibía en
público:Alfredo Yabrán.No sin olvidarnos que tuvo protección corrupta por parte
de los gobiernos de Carlos Menem en el rol presidencial y a Eduardo Duhalde
como Gobernador de Buenos Aires.
En
ese tiempo eran frecuentes los casos de gatillo fácil injustificado por parte
de las fuerzas policiales,y fue un período de la historia argentina en que se
suscitaban crímenes de modo de que no se pusieran de manifiesto,las tramoyas
del Gobierno oficialista,que se perpetró en el poder desde 1989 hasta 1998,con
la asunción de Fernando De La Rúa.
El
asesinato de José Luis Cabezas tuvo origen en Pinamar,el día 25 de enero de
1997.Aunque tiempo antes en el que sacó las fotografías a Yabrán,trabajaba para
la Revista Noticias,de Editorial Perfil dirigida hasta la actualidad por Jorge
Fontevecchia.Resultó ser una jugarreta para su destino,ya que Fontevecchia
jamás veló por su seguridad,ni lo protegió.Cómo quien dice…se lavó bien las
manos,sin jabón Espadol.
Hoy
Fontevecchia se victimiza,sabiendo perfectamente que sus intereses
protagonizaron sus ambiciones.
Hace
tiempo el informe elaborado por La
Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) en conjunto
con El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS),organización no
gubernamental,elaboraron fue
titulado Informe sobre el juicio oral y
público
por el homicidio del reportero gráficoJosé Luis CABEZAS.
Para
ser más precisos, La Asociación de Reporteros
Gráficos de la República Argentina (ARGRA) es una
asociación
civil sin fines de lucro, cuyo objeto es la defensa de los intereses
profesionales
de sus asociados, de la que formaba parte la víctima al momento de su
asesinato.
Fue fundada en 1942 y actualmente la componen alrededor de 700
fotoperiodistas
de todo el país. ARGRA no recibe ningún tipo de subsidio estatal o
privado.Mientras
que El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) es una organización no
gubernamental, dedicada desde hace 20 años, a la promoción y protección de los
derechos
humanos y el fortalecimiento del sistema democrático y el Estado de Derecho
en
Argentina, que desarrolla sus actividades especialmente desde un punto de vista
técnico-legal.
Fue, y sigue siendo, pieza clave en la lucha contra la impunidad del
terrorismo
de Estado instaurado durante la dictadura militar; cuenta además con el
Programa
“Violencia Institucional y Seguridad Ciudadana”, que trabaja en torno a las
graves
violaciones a los derechos fundamentales, ocasionadas por las fuerzas de
seguridad.(data
vieja).
En
la introducción del informe puede notarse con claridad,que reflejó para ambas
sociedades sin apoyo financiero del Estado,el crimen de Cabezas.
José Luis Cabezas, reportero gráfico de la
editorial Perfil, fue asesinado en la
madrugada del 25 de enero de 1997 en
Pinamar, Provincia de Buenos Aires. Su cadáver
esposado, con signos de haber sido
ferozmente golpeado y con dos disparos en la
cabeza, fue encontrado dentro de su vehículo
incinerado.
Al momento de ser asesinado, cubría la
temporada para el semanario Noticias en el
centro de veraneo de la clase política y
empresaria. Su seguimiento y secuestro se
produjo a escasos 80 metros de la residencia
del entonces gobernador Buenos Aires, al
retirarse de una concurrida fiesta ofrecida
por un importante empresario.
Si bien las instituciones se ocuparon
formalmente del caso, la realidad demostró que
sólo luego de la movilización de la
población civil comenzó a conocerse lo ocurrido. En
efecto, la investigación estuvo signada por
una inadmisible injerencia del poder
ejecutivo provincial en cada uno de los
pasos dados; por una sorda lucha de facciones
policiales corruptas, que sembraron el
expediente de pistas falsas; por una pelea política
entre los entonces hombres fuertes de la
política argentina, Carlos Menem y Eduardo
Duhalde, (quienes se desempeñaban como
presidente de la Nación y gobernador de la
provincia de Buenos Aires respectivamente);
y por último, por las presiones Alfredo
Yabrán, importante empresario telepostal,
quien poseía importantísimo respaldo político
y económico para esa época.
La constancia de la movilización, el amplio
arco social que dio su apoyo a las
instituciones que buscaban el
esclarecimiento del hecho, y la inserción de esta lucha en
diversos reclamos populares en defensa de
las instituciones democráticas y por la
consolidación de la justicia, obligó a un
aparato estatal reticente a dar diversas vueltas
de tuerca en la investigación.
Como
todos,o casi bien sabemos se vio al empresario Alfredo Yabrán como el autor
intelectual del crimen de Cabezas.Ante tanta presión,por habérsele conocido el
rostro.Ya que tal sintió la toma fotográfica como un tiro en la frente,se
suicidó con un balazo en la Boca.Aunque realmente fue un hecho,la audiencia de
medios no desestimaban la posibilidad de que haya fingido su muerte para
marcharse hacia otro lugar,motivado por estos.Era tal la influencia de las
corporaciones mediáticas en lo político,que nadie dudaba de sus fuentes y su
credibilidad apoyando el modelo menemista,fue creciente.
El
informe revelador en la parte 2 nos denota lo siguiente con respecto a la
judicialización del acto impune.Pero estas cuestiones implicaban grandes trabas:
1. EL JUICIO
A partir de la conmoción social que produjo
el homicidio, y gracias a la presión ejercida
sobre las instituciones, se consiguió
avanzar en la investigación, y en la elevación a
juicio de la causa.
La investigación llevada a cabo por la
propia policía, que resultaba ser la principal
sospechosa, las inadmisibles presiones
políticas y las limitaciones de la instrucción
judicial, dieron por resultado una
sobreabundancia de prueba ilícitamente obtenida,
irrelevante y/o confusa. A su vez,
resultaron notorias las maniobras de distracción y el
escaso éxito en profundizar hipótesis que
involucraban a otros funcionarios policiales.
La instrucción terminó elevando a juicio una
causa compleja, sospechada de vicios, con
una acusación limitada y tendiente a
instaurar una “verdad oficial” complaciente.
Durante los meses de diciembre y enero se
llevaron a cabo las audiencias en el juicio
oral y público por el homicidio de Cabezas.
En dicho proceso, además del Ministerio
Público Fiscal2 y los abogados de los
familiares3, participó como parte acusadora
la Asociación de Reporteros Gráficos de la
República Argentina (ARGRA), con el
patrocinio jurídico del Centro de Estudios
Legales y Sociales (CELS)4.
Las otras partes en el juicio fueron las
defensas de cada uno de los diez acusados: José
Luis Auge, Horacio Anselmo Braga, Sergio
Gustavo Gonzalez y Miguel Retana (cuatro
personas conocidas de Gustavo Prellezo, que
vivían en la localidad de Los Hornos, una
zona pobre ubicada en las cercanías de La
Plata)5; el ex policía Gustavo Prellezo (ex
oficial de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, que al momento del hecho
destacado en Mar de Ajó)6; los ex policías
Sergio Rubén Cammaratta y Anibal Luna
(también ex oficiales de la Provincia de
Buenos Aires, que prestaban servicios en
2 El Ministerio Público estuvo representado
por los fiscales Felipe De Felito, Eduardo Campos Campos y
Claudia Castro.
3 Norma Pepe y Oscar Pellicori (abogados de
la Revista Noticias) patrocinaron a la hija menor de José
Luis Cabezas, en tanto que el abogado Amado
Alejandro Vecchi, representó a los padres e hijos mayores
del reportero gráfico.
4 La participación de una organización como
parte en un proceso penal es un hecho novedoso en la
historia judicial argentina. Se le atribuyó
el carácter de damnificado a ARGRA debido a que se consideró
que el homicidio fue perpetrado en atención
a la calidad de reportero de José Luis Cabezas, y que con ello
se afectaban los particulares intereses de
la Asociación. Actuaron en el juicio oral los abogados Alberto
Bovino (del CELS) y Miguel Gaya (de ARGRA).
5 Los cuatro imputados de Los Hornos fueron
representados por los abogados Juan Martín Cerolini y
Fernando Burlando.
6 Defendido por los abogados David Lettieri
y Jorge Freire.
9
Valeria del Mar y Pinamar respectivamente)7;
la ex policía Silvia Belawsky (ex esposa
de Gustavo Prellezo, trabajaba en La Plata,
en sectores administrativos de la policía de
la Provincia de Buenos Aires)8; Gregorio
Ríos (ex jefe de custodia de Alfredo Yabrán)9;
y Carlos Redruello (un informante de la
policía que se presentó a la instrucción
aportando pistas falsas, y terminó
involucrado en los hechos)10.
El juicio oral culminó con la condena de
ocho personas —tres de ellas funcionarios de
la Policía Bonaerense al momento del hecho—,
que fueron encontradas responsables de
haber cometido el delito de privación
ilegítima de la libertad seguida de muerte en
concurso ideal con el homicidio agravado de
José Luis Cabezas. Los condenados
fueron: Gregorio Ríos, como instigador;
Gustavo Prellezo, como autor material; José
Luis Auge, Horacio Anselmo Braga, Sergio
Gustavo Gonzalez, Miguel Retana, Sergio
Rubén Cammaratta y Anibal Luna, como
partícipes primarios. Silvia Belawsky fue
absuelta por el homicidio, y sólo fue
condenada como autora del delito de estafa, en
tanto que Carlos Redruello fue absuelto de
la participación en el homicidio por la que se
lo había acusado, ya que los fiscales
desistieron de tal pretensión tras escuchar la prueba
producida en el debate. No obstante tal
absolución se solicitó que Redruello fuera
investigado por falso testimonio y privación
ilegítima de la libertad, delitos que podría
haber cometido al vincular a la causa
personas que resultaron ajenas al hecho.
Dicho debate arrojó a la vez, nuevos
elementos que podrían incriminar a personas aun
no juzgadas, a partir de lo cual ARGRA y
CELS efectuaron las denuncias que se
acompañan.
Como
vemos no resulta paradójico que hasta el día de la fecha no existan
responsables encarcelados.
Para
ponerle paños fríos a esta cuestión y apelar al humor aunque sea por un
ratito,veamos el siguiente artículo:
Destrozos en el monumento que recuerda al
fotógrafo José Luis Cabezas.
Fue asesinado hace 15 años. Dañaron el monumento
que se hizo en su honor en la cava donde fue ultimado.
·
26/01/2012 12:59 , por Redacción LAVOZ
·
El monumento que recordaba a José Luis Cabezas en cercanías de
Pinamar sufrió daños y robos, según mostró la hermana del fotógrafo de Noticias
asesinado el 25 de enero de 1997.
Gladys Cabezas realizó un recorrido por el lugar junto a cámaras de televisión
que registraron lo ocurrido.
Atacaron un busto de Cabezas y robaron ofrendas y objetos que habían
dejado en el lugar amigos del fotoperiodista asesinado semanas después de que
obtuviera las primeras fotografías de Alfredo Yabrán.
Pero bue…todo bien,¿no?,pero…¿Hacía falta hacerle un
monumento? Ni que fuera Dios.Je,je,je.Que quede claro que Galaxia
Teletransportadora espera que se haga justicia.
Y otra más:
La gaceta.
La foto que le costó la vida a José Luis Cabezas
Miércoles 25 de Enero de
2012 15:28 | El fotógrafo logró la imagen en una playa de Pinamar, en febrero
de 1996.
BUENOS AIRES.- Desde el 25 de agosto
de 1995, cuando el ex ministro de Economía Domingo
Cavallo acusó a Alfredo
Yabrán de ser
"jefe de una mafia enquistada en el poder", su rostro se volvió un
bien preciado para todos los medios de comunicación del país. Y fue José Luis Cabezas quien
consiguió la imagen más buscada.
Obtenerla no fue nada fácil, pero lo logró gracias a la ayuda de su mujer y su hija que jugaban a ser unas turistas más en las playas de Pinamar. Así fue como el 16 de febrero de 1996, Cristina Cabezas y Candela posaban ante la cámara de José Luis, que simulaba retratarlas. Pero el objetivo estaba unos metros más atrás, paseando de la mano de su mujer, María Cristina Pérez, luciendo una bermuda blanca con rayas de color bordó, informó el diario "La Nación".
La imagen fue publicada el 3 de marzo de aquel año en la tapa de la revista "Noticias" la publicó en su tapa. Poco menos de doce meses después, el reportero gráfico fue encontrado asesinado en una cava en General Madariaga, hecho del que hoy se cumplen 15 años .
"Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente" o "ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía", son algunas de las frases había dicho Yabrán en entrevistas anteriores a la publicación de su imagen. Rara vez concedía reportajes, y cuando lo hacía exigía que el periodista no esté acompañado por un fotógrafo. (La Nación-Especial)
Obtenerla no fue nada fácil, pero lo logró gracias a la ayuda de su mujer y su hija que jugaban a ser unas turistas más en las playas de Pinamar. Así fue como el 16 de febrero de 1996, Cristina Cabezas y Candela posaban ante la cámara de José Luis, que simulaba retratarlas. Pero el objetivo estaba unos metros más atrás, paseando de la mano de su mujer, María Cristina Pérez, luciendo una bermuda blanca con rayas de color bordó, informó el diario "La Nación".
La imagen fue publicada el 3 de marzo de aquel año en la tapa de la revista "Noticias" la publicó en su tapa. Poco menos de doce meses después, el reportero gráfico fue encontrado asesinado en una cava en General Madariaga, hecho del que hoy se cumplen 15 años .
"Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente" o "ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía", son algunas de las frases había dicho Yabrán en entrevistas anteriores a la publicación de su imagen. Rara vez concedía reportajes, y cuando lo hacía exigía que el periodista no esté acompañado por un fotógrafo. (La Nación-Especial)
Y esta otra dice:
SIGUEN PIDIENDO
JUSTICIA
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Recuerdan a José Luis Cabezas, al cumplirse 15
años de su asesinato
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Con diferentes actos en diversos
puntos del país y una ceremonia central en la localidad de Mar de Ajó,
familiares, amigos y colegas recordarán hoy al fotógrafo.
Su asesinato fue perpetrado el
25 de enero de 1997 en las afueras de la ciudad balnearia de Pinamar.
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El acto principal tendrá lugar desde las 15:00 en la localidad
balnearia de Mar de Ajó, lugar donde estarán presentes Gladys Cabezas
-hermana del fotógrafo asesinado- y representantes de la Asociación de
Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA).
Allí, frente al estudio radial "José Luis Cabezas" de la FM Mas 88.7 de Mar de Ajó, actuarán entre otros artistas el vocalista de la banda Kapanga, Martín "Mono" Fabio, Los Náufragos, Jefte Blues Band, Agustín Almeyda y Los Siete Magníficos. Ese homenaje es organizado por la familia de Cabezas, la radio FM Mas, Cultura Vallese y el Sindicato de Trabajadores de Juegos de Azar (Aleara), con la adhesión de ARGRA. José Luis Cabezas fue asesinado el 25 de enero de 1997, tras haber sido secuestrado por una banda compuesta por civiles y policías bonaerenses, y fusilado de dos disparos en la nuca. El fotógrafo y su auto fueron quemados y abandonados en una cava de la localidad de General Madariaga. Durante el acto central en Mar de Ajó, la hermana de Cabezas como así también colegas y amigos, reclamarán una vez más "Justicia" por el reportero gráfico asesinado, ya que quienes fueron condenados por su crimen, están en su mayoría en libertad. "La Justicia todavía no cumplió con lo que tiene que cumplir. O sea, no es un capricho de la familia. Si matan a una persona lo más lógico sería que se cumpla esa condena y no porque me siento mal o tengo un problema de hernia y me voy a mi casa", afirmó Gladys Cabezas, en alusión al ex policía Gustavo Prellezo que cumple condena en su casa afectado por un problema de salud. En un entrevista concedida al programa Banda 3.0 que emite el canal Metro, la hermana del fotógrafo de la revista Noticias indicó: "llegamos con los responsables (del crimen) con prisión domiciliaria y algunos que ya tienen la libertad. Según la Justicia, ya cumplieron su condena". Todos los años la familia Cabezas junto a colegas y amigos realizaba el homenaje a José Luis en la cava de General Madariaga, pero esta vez decidieron hacerlo en Mar de Ajó, ya que según los allegados al fotógrafo "Pinamar no nos ha tratado bien últimamente". La madrugada del 25 de enero de 1997, José Luis Cabezas fue secuestrado frente a la casa del empresario Oscar Andreani, por una banda compuesta por policías bonaerenses y civiles. Luego fue llevado a la cava de General Madariaga, situada a unos La Justicia determinó que a Cabezas lo mataron por su actividad profesional, y responsabilizó al empresario Alfredo Yabrán como autor intelectual del hecho. Yabrán se suicidó meses más tarde en un campo de Entre Ríos, cuando iba a ser arrestado por la policía. En la condena del juicio oral, dictada el 2 de febrero de 2000, el tribunal de Dolores condenó a los imputados a reclusiones perpetuas, pero tras varias presentaciones ante la Corte Suprema bonaerense, las penas les fueron reducidas. Por ese motivo, están en "libertad condicional" Gregorio Ríos, jefe de la custodia de Yabrán, y los ex policías Gustavo Prellezo, Aníbal Luna y Sergio Cammarata, como así también Gustavo González, mientras que Horacio Braga y José Luis Auge debieron regresar a prisión por no respetar sus horarios de salidas, al tiempo que Héctor Retana falleció en el 2001 mientras cumplía su condena. Además, en diciembre de 2002 fue condenado a prisión perpetua el ex comisario de Pinamar Alberto Gómez, acusado de "liberar la zona" donde se cometió el secuestro y posterior crimen. |
|||
26 noticias.
Esta crónica de tiempo
Argentino demuestra a las claras que sucedía con Cabezas:
OPINIÓN
Quince años sin José Luis Cabezas
Publicado el 25 de Enero de 2012
En estos 15 años, los hijos de
José Luis Cabezas crecieron sin su presencia. Agustina y Juan ya pasaron los
20. Candela, los 15. Su papá, José, dejó este mundo hace un poco más de un año,
en medio de una tristeza que desbordó su vida desde aquel 25 de enero de 1997.
Su mamá Norma y su hermana Gladys siguen sufriendo. Como también su mujer,
Cristina, quien se vio obligada a dejar el país. Esa es la otra parte de la
historia, la parte más humana, la que muchas veces se esfuma detrás de lo que
todo el mundo ve y conoce.
Se cumplen 15 años del asesinato de José Luis Cabezas. Quince años del peor atentado contra la libertad de expresión desde el retorno de la democracia. Y detrás de este hecho atroz y reconocido por todos, están las historias humanas de desgarros y ausencias, de la vida sin el ser querido, ese que fue arrebatado con un ardid criminal. El día a día de una tragedia. Esa película real que se vive en el universo de las víctimas.
Del otro lado están las historias de quienes fueron considerados –por los tribunales– como los responsables del asesinato. El empresario Alfredo Yabrán, quien no pudo ser juzgado por haberse suicidado cuando escapaba de la justicia. El jefe de su custodia, Gregorio Ríos, que fue condenado como el instigador –por mandato de su jefe– del homicidio y que, habiendo cumplido menos de diez años de prisión perpetua, salió de la cárcel y se fue a su casa a gozar de un régimen de arresto domiciliario, pero sin pulsera magnética y bajo la única vigilancia de su esposa.
También el asesino de José Luis, el ex policía Gustavo Prellezo, goza de ese privilegio. Lo mandaron a la casa de su padre en La Plata por problemas lumbares y ahora sólo lo custodia su papá. Cerca de allí, sus compañeros de tropelías, la banda de delincuentes comunes conocida como “Los Horneros” (Horacio Braga, Sergio González y José Luis Auge –el otro, Miguel Retana, murió en la cárcel-) hasta consiguieron trabajo en una pizzería y en un lavadero de autos. Aunque algunos de ellos –Braga y Auge– debieron volver a prisión por violar la libertad condicional, pero aun así no se privaron de salir a ver a sus seres queridos. Y los policías de la Costa, Sergio Cammaratta y Aníbal Luna, quienes regresaron a Valeria del Mar y ahí andan, según cuentan los vecinos, haciendo trabajos de seguridad o llevando alguna palabra evangelizadora casa por casa. Y el ex comisario Alberto Gómez, quien liberó la zona en la madrugada del crimen, al que también se ha visto en alguna época haciendo tareas de vigilancia privada por la zona. Como quien dice, los lobos cuidando el gallinero.
Todos ellos, los asesinos, pueden gozar en este presente el acto inconmensurable de estar cerca de sus familias. Pueden ver a sus hijos crecer. José Luis, no. Sus hijos crecieron sin él. Sus vidas trascurrieron con ese velo de dolor y ausencia. Lo mismo que las de sus padres, su hermana, y su mujer, Cristina, a la que le secuestraron sus sueños de poder construir en estas tierras una familia con su hombre.
Para todos ellos, el “Caso Cabezas” no es un “caso”. Es su vida. Es ese José Luis papá, esposo, hijo, hermano y amigo que no está. Es ese sentimiento de impotencia y desprotección que da saber que sus asesinos están ahí, al acecho de todos, sin haber cumplido ni siquiera una mínima parte de su condena.
Nosotros, sus compañeros y amigos, estamos dispersos por distintos lugares del mundo periodístico. En los más diversos medios, de las más diversas posiciones. Intentando hacer lo nuestro, periodismo, con esa huella imborrable en nuestra memoria. Habrá quienes lo extrañen más y quienes lo extrañen menos. Pero creo, con la certeza de no confundirme, que en cada uno de nosotros estará siempre vivo aquel recuerdo de este “chabón bravo” –como le gustaba definirse a José Luis– y divertido, muchas veces cabrón y testarudo, con el que compartimos momentos inolvidables. Ese fotógrafo descollante, lleno de periodismo y arte en cada toma. Que era feliz con lo que hacía. “¿Qué más puedo pedir? Hago lo que me gusta y encima me pagan”, se entusiasmaba. Ese compañero con el que nos reíamos y nos peleábamos. Pero que disfrutábamos cuando veíamos el resultado de su trabajo.
Ese compañero por el que salimos a la calle a reclamar justicia junto a su familia. Junto a sus colegas, a la UTPBA y ARGRA y otras asociaciones periodísticas. Junto a la sociedad argentina.
Se consiguió bastante. Se lograron condenas ejemplares en poco tiempo, para lo que es el sistema judicial argentino. Pero también recibimos una nueva bofetada cuando se les redujo la condena a los asesinos y, uno a uno, fueron dejando atrás la prisión. Esa justicia que se convirtió en injusticia. Una vez más.
Hoy se cumplen 15 años del asesinato de José Luis Cabezas. Él no está. Pero sí está. En los recuerdos de su familia y amigos, en la memoria de una sociedad que se conmovió por el crimen y en la conciencia –si es que les queda algo de ella– de sus asesinos. Nada ni nadie nos devolverá a nuestro compañero. Pero queremos recuperar aunque sea la ilusión de que la justicia haga honor a su nombre. Y que los criminales vuelvan a prisión. Para escribir otras historias. Para escribir otra Historia.
(*) Periodista de Radio América y CN23. Compañero de José Luis Cabezas en la cobertura de la revista Noticias en Pinamar. Secretario del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA).
Se cumplen 15 años del asesinato de José Luis Cabezas. Quince años del peor atentado contra la libertad de expresión desde el retorno de la democracia. Y detrás de este hecho atroz y reconocido por todos, están las historias humanas de desgarros y ausencias, de la vida sin el ser querido, ese que fue arrebatado con un ardid criminal. El día a día de una tragedia. Esa película real que se vive en el universo de las víctimas.
Del otro lado están las historias de quienes fueron considerados –por los tribunales– como los responsables del asesinato. El empresario Alfredo Yabrán, quien no pudo ser juzgado por haberse suicidado cuando escapaba de la justicia. El jefe de su custodia, Gregorio Ríos, que fue condenado como el instigador –por mandato de su jefe– del homicidio y que, habiendo cumplido menos de diez años de prisión perpetua, salió de la cárcel y se fue a su casa a gozar de un régimen de arresto domiciliario, pero sin pulsera magnética y bajo la única vigilancia de su esposa.
También el asesino de José Luis, el ex policía Gustavo Prellezo, goza de ese privilegio. Lo mandaron a la casa de su padre en La Plata por problemas lumbares y ahora sólo lo custodia su papá. Cerca de allí, sus compañeros de tropelías, la banda de delincuentes comunes conocida como “Los Horneros” (Horacio Braga, Sergio González y José Luis Auge –el otro, Miguel Retana, murió en la cárcel-) hasta consiguieron trabajo en una pizzería y en un lavadero de autos. Aunque algunos de ellos –Braga y Auge– debieron volver a prisión por violar la libertad condicional, pero aun así no se privaron de salir a ver a sus seres queridos. Y los policías de la Costa, Sergio Cammaratta y Aníbal Luna, quienes regresaron a Valeria del Mar y ahí andan, según cuentan los vecinos, haciendo trabajos de seguridad o llevando alguna palabra evangelizadora casa por casa. Y el ex comisario Alberto Gómez, quien liberó la zona en la madrugada del crimen, al que también se ha visto en alguna época haciendo tareas de vigilancia privada por la zona. Como quien dice, los lobos cuidando el gallinero.
Todos ellos, los asesinos, pueden gozar en este presente el acto inconmensurable de estar cerca de sus familias. Pueden ver a sus hijos crecer. José Luis, no. Sus hijos crecieron sin él. Sus vidas trascurrieron con ese velo de dolor y ausencia. Lo mismo que las de sus padres, su hermana, y su mujer, Cristina, a la que le secuestraron sus sueños de poder construir en estas tierras una familia con su hombre.
Para todos ellos, el “Caso Cabezas” no es un “caso”. Es su vida. Es ese José Luis papá, esposo, hijo, hermano y amigo que no está. Es ese sentimiento de impotencia y desprotección que da saber que sus asesinos están ahí, al acecho de todos, sin haber cumplido ni siquiera una mínima parte de su condena.
Nosotros, sus compañeros y amigos, estamos dispersos por distintos lugares del mundo periodístico. En los más diversos medios, de las más diversas posiciones. Intentando hacer lo nuestro, periodismo, con esa huella imborrable en nuestra memoria. Habrá quienes lo extrañen más y quienes lo extrañen menos. Pero creo, con la certeza de no confundirme, que en cada uno de nosotros estará siempre vivo aquel recuerdo de este “chabón bravo” –como le gustaba definirse a José Luis– y divertido, muchas veces cabrón y testarudo, con el que compartimos momentos inolvidables. Ese fotógrafo descollante, lleno de periodismo y arte en cada toma. Que era feliz con lo que hacía. “¿Qué más puedo pedir? Hago lo que me gusta y encima me pagan”, se entusiasmaba. Ese compañero con el que nos reíamos y nos peleábamos. Pero que disfrutábamos cuando veíamos el resultado de su trabajo.
Ese compañero por el que salimos a la calle a reclamar justicia junto a su familia. Junto a sus colegas, a la UTPBA y ARGRA y otras asociaciones periodísticas. Junto a la sociedad argentina.
Se consiguió bastante. Se lograron condenas ejemplares en poco tiempo, para lo que es el sistema judicial argentino. Pero también recibimos una nueva bofetada cuando se les redujo la condena a los asesinos y, uno a uno, fueron dejando atrás la prisión. Esa justicia que se convirtió en injusticia. Una vez más.
Hoy se cumplen 15 años del asesinato de José Luis Cabezas. Él no está. Pero sí está. En los recuerdos de su familia y amigos, en la memoria de una sociedad que se conmovió por el crimen y en la conciencia –si es que les queda algo de ella– de sus asesinos. Nada ni nadie nos devolverá a nuestro compañero. Pero queremos recuperar aunque sea la ilusión de que la justicia haga honor a su nombre. Y que los criminales vuelvan a prisión. Para escribir otras historias. Para escribir otra Historia.
(*) Periodista de Radio América y CN23. Compañero de José Luis Cabezas en la cobertura de la revista Noticias en Pinamar. Secretario del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA).
Bien ahora sepamos quién fue Yabrán:
) fue un
hombre de negocios de la Argentina con una profunda vinculación con el gobierno de Carlos Saúl Menem. Empezó a
conocerse su nombre debido a acusaciones del ex ministro de economía Domingo Cavallo.
Yabrán nació en Larroque, provincia de Entre Ríos en 1944, y se
trasladó a la ciudad de Buenos
Aires a
principios de los
60. Pronto comenzó a hacer negocios en áreas de seguridad y
transacciones bancarias. En los
70 ya era uno
de los principales accionistas de Ocasa. A fines del gobierno de Raúl
Alfonsín pasó a
operar seguridad aeroportuaria.
En una sesión del congreso de 1995, el entonces ministro de economía Domingo Cavallo denunció a Yabrán como una suerte de líder mafioso, con protección
política y judicial. En este momento Yabrán se hace conocido para el público en
general, aunque su identidad era desconocida en gran medida y la prensa no
contaba con ninguna foto de él.
Legalmente, Yabrán sólo declaraba
poseer unas pocas empresas de poca importancia, pero Cavallo lo acusaba de
manejar, mediantetestaferros, otras
companías más importantes. Entre ellas, el correo Oca (que
manejaba el 30% del mercado postal argentino), Ocasa(que
Yabrán declaraba haber vendido) y la compañía de transporte y logística Villalonga Furlong. Estas empresas se vendieron a continuación al Grupo Exxel por 605
millones de dólares. Dicho
grupo niega que Yabrán haya sido el vendedor.
La acusación principal contra
Yabrán era que sus empresas de transporte y seguridad serían utilizadas para
ocultar tráfico de drogas o armas o lavado de dinero.
Aunque muchos
desconfiaron de su muerte,Raúl Kollman,da su testimonio con respecto a su
ausencia física en Argentina:
EL PAIS › CONFESIONES DE UN PERIODISTA CUANDO SE
HABLA DE YABRAN
El
tarado
¿Yabrán vive? ¿Yabrán murió?
El periodista de Página/12 Raúl Kollmann investigó el tema a fondo y sacó sus
conclusiones. Pero cada vez que se plantea el tema, y ha vuelto a plantearse
los últimos días, sufre. Aquí explica por qué. El resultado es un documento
imperdible no sólo sobre Yabrán: también sobre el periodismo, los periodistas y
la gente.
Desde hace unos años no hago
más que provocar la decepción entre mis amigos o los asistentes a las charlas
que suelo dar. Cuando esperan a alguien que les tire la posta –pero la posta,
posta–, se encuentran con que no me sumo a los que dicen que Yabrán está vivo,
disfrutando de mujeres y champagne en una playa. Ni bien digo, con mucha
timidez y vergüenza, que me parece que Yabrán se suicidó, me miran con piedad y
proclaman:
–Al final, este Kollmann resultó un tarado.
Cuando se anunciaron las investigaciones de Clarín y “Hora Clave”, ya me empezaron a mirar en forma socarrona. El título de los dos trabajos era algo así como “¿Está vivo Yabrán? El enorme misterio de la muerte del supercartero, que ahora aparece en Estados Unidos vendiendo una propiedad”.
–Por fin te ponen la tapa, hermano –se frotaba las manos el entorno que me quiere. No hablemos ya de la gente más distante.
Al momento de la muerte de Yabrán consulté a varios criminalistas de los más famosos de la Argentina y a todos les hice la misma pregunta: si a usted lo contrataran por 10 millones de dólares, ¿cómo haría para fraguar el suicidio de Yabrán? La respuesta de los criminalistas fue unánime: es una operación imposible, Yabrán se suicidó.
El argumento –resumido– de los especialistas fue el siguiente:
- Para hacer la operación de fraguar la muerte de Yabrán lo primero que se necesita es el muerto. Hay que buscar una persona, más bien alta como Yabrán, y secuestrarlo. Sería bueno que no tuviera familia, porque obviamente sus allegados harían la denuncia por secuestro. A punta de pistola deberá hacerse el traslado hasta Entre Ríos, llevarlo vivo a la Estancia San Ignacio y después pegarle el tiro con la escopeta en momentos en que está por ingresar –tal como ocurrió– la policía. Instantáneamente los participantes del complot deben hacerse humo por algún lado, porque cuando la policía entró a la habitación, un segundo después del disparo, no había nadie. No es una operación imposible, pero entre el secuestro y el traslado seguramente se necesitan por lo menos cuatro cómplices. Es indudable que se necesitó también de la complicidad de los policías que hicieron el allanamiento.
- Las huellas digitales del muerto se comparan con dos juegos de huellas: uno disponible en Entre Ríos, donde nació Yabrán, y el otro juego en la Policía Federal, donde queda la muestra cuando se hace la cédula. Como es obvio, hay que reemplazar los dos juegos por otros que pertenezcan al muerto trucho. No es una operación imposible, pero requiere de cómplices en dos lugares distintos.
- Yabrán dejó cuatro cartas. Sobre ellas se hicieron peritajes de su letra y su firma, comparando todo con escritos anteriores. Dio positivo: eran la letra y la firma de Yabrán. Claro que los peritos calígrafos pudieron ser comprados. No es una operación imposible, pero otra vez requiere de la complicidad de los cómplices.
- Tres médicos forenses encabezaron la multitudinaria autopsia del cuerpo. En ese trabajo no sólo se buscaba comprobar cómo se mató Yabrán sino que también se cotejaron algunas características del cartero: por ejemplo, tenía la cicatriz en la panza por una operación. También está la comprobación de la dentadura. Es lógico que se puede comprar a los forenses, pero la suma de cómplices se va haciendo grande.
- Finalmente se hizo un estudio de ADN, en el que se extrajo sangre de los hijos de Yabrán y se comparó la identificación genética con el muerto. El resultado fue que coincidían en un 99,99999 por ciento. Puede ser que también esto se truchara e inclusive se argumentó que quien hizo el trabajo en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA fue el doctorDaniel Corach, primo del ministro del Interior. Pese a que es considerado una eminencia en la materia, siempre se puede decir que también se falsificó el análisis de ADN, aunque nuevamente requiere de más y más cómplices.
- A todo este listado hay que agregar que resulta imprescindible para fraguar la muerte de Yabrán la complicidad de la jueza Graciela Pross Laporte, la del comisario Miguel Cosso y cinco acompañantes que hicieron el allanamiento e ingresaron a la habitación un segundo después del disparo mortal, la de dos testigos que ingresaron con la policía, la de los familiares que reconocieron el cuerpo e incluso dos periodistas que vieron el cadáver.
- Queda para el final que todo el proceso fue supervisado por el archienemigo de Yabrán y de Carlos Menem, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, que quería estar seguro de cómo fueron las cosas porque estaba enfrascado en esa batalla desde hacía meses. Yabrán –y Menem– no se le podía escapar con una maniobrita. Un poco más lejos, pero también observando, quedó el otro archienemigo de Yabrán, Domingo Cavallo, atento a verificar que el final de papi-mafi no fuera falsa. Es cierto que tres años más tarde los que parecían enemigos mortales no lo fueron tanto: Cavallo firmó vergonzosamente un acta-acuerdo con la familia Yabrán en la que le pedía disculpas por haberlo acusado de mafioso en su momento.
Es decir: los criminalistas opinaron que cada una de estas maniobras, desde conseguir el futuro muerto hasta comprar a la jueza, se pudieron hacer. Pero no eran posibles tantas maniobras juntas. “Es imposible una operación de ese tipo con 30 cómplices. No hay un secreto entre 30. Al menos uno devela el secreto, siempre”, argumentaron los científicos que consulté en 1998.
De todas maneras, reconozco que en estos cuatro años siempre me invadió el pánico cuando el tema salía en una conversación: invariablemente me colgaban el cartelito de “El único tarado que se cree que Yabrán está muerto”. Argumentos no le faltaban a la gente: un mafioso como Yabrán, que todo el tiempo andaba rodeado de guardaespaldas forjados como asesinos durante la dictadura, que se nutría de un aparato que le ponía bombas a la competencia y con un patrimonio de 2000 millones de dólares, bien podría fraguar su muerte. Además, se le imputaba el siniestro asesinato de José Luis Cabezas.
No se imaginan cómo sufrí cuando se anunciaron las investigaciones de Clarín y “Hora Clave”.
Clarín descubrió una historia magnífica: un hombre se presentó en una escribanía en California con un pasaporte a nombre de Alfredo Yabrán, con el número verdadero de su documento y firmó la venta de una propiedad con una rúbrica casi idéntica a la del supercartero. Pero el diario no presentó la investigación como “un sujeto se hizo pasar por Yabrán para quedarse con una propiedad”. La anunció entre los tradicionales signos de pregunta: “¿Yabrán vive?”.
Leyendo las sucesivas entregas del trabajo de Clarín se llega nítidamente a la conclusión de que quien firmó en California fue un impostor. Uno de los dos calígrafos consultados por el diario sostiene que la firma no corresponde a Yabrán. El otro calígrafo no se pronuncia porque quiere ver el original. Y la escribana actuante, cuando le muestran la foto de Yabrán, sostiene que ése no fue el hombre que estuvo en su escribanía.
Bien pensada, la historia difícilmente podía vincularse a un Yabrán con vida. Después de hacer las increíbles maniobras que habría hecho para fraguar su muerte en la Argentina, hubiera sido un híper-híper-cándido si se presentaba en una escribanía de California, con su propio nombre y documento, a vender una casa por 250.000 dólares, siendo ésa apenas una de las miles de propiedades que tenía papi-mafi. Lo que sucedió está cantado: un impostor le vendió la casa en California a una sociedad de Yabrán, Yabito, cuyo apoderado es un tal Sánchez, que de esa manera se quedó con la propiedad sin pagar el inmenso impuesto sucesorio que existe en Estados Unidos. Además, debe ser uno de los cientos de testaferros que tenía Yabrán en su estructura mafiosa y que aprovecharon su muerte para quedarse con los bienes. Lo curioso, insisto, es que Clarín, que ya conocía el resultado de su propia investigación, no tituló mencionando que un impostor actuó en California sino que fomentó el interrogante sobre la muerte de Yabrán.
“Hora Clave” fue por un camino parecido. El programa del domingo, anunciado otra vez como la gran duda sobre la vida y la muerte de Yabrán, llegó exactamente a la misma conclusión: en California actuó un impostor. Esta vez la prueba fue una huella digital. Sucede que en ese Estado norteamericano hay que dejar la huella digital en las escribanías cuando uno compra o vende una propiedad. El programa conducido por Mariano Grondona consiguió esa huella digital y la comparó con la que figura en el expediente por el suicidio de Yabrán. Allí hay un problema: si el suicida era un Yabrán trucho, su huella digital no se correspondía con la huella digital verdadera de papi-mafi. Es posible que la huella no sea la del cadáver, sino de los juegos enviados por la administración provincial o la Policía Federal: en ese caso tampoco podía haber una discrepancia con las del cadáver, porque si no se descubría el fraude. Lo concreto es que “Hora Clave” puso claramente de relieve que la huella digital de California no se parecía en nada a la del expediente de Entre Ríos, por lo que quedó probado que el que firmó en Estados Unidos, con firma distinta y cara distinta, era un vivillo, no Yabrán.
Lo más serio de toda esta historia es la actuación del presidente Eduardo Duhalde. Vio una veta en fabricar un poco de polvareda política a partir del fantasma de Yabrán y de la muerte de José Luis Cabezas. Rápidamente convocó a los padres de José Luis y a su abogado, Alejandro Vecchi. Es curioso. Hace unos meses, en medio de los cacerolazos, los piqueteros y la convulsión social, Duhalde encontró un rato para firmar un indulto a favor del abogado Vecchi. No es que éste haya dado un mal paso participando de alguna utopía revolucionaria. No. Lo indultó, entre gallos y medianoche, después que un tribunal lo condenó por haberse quedado con dinero de sus defendidos. Ahora Vecchi estaba listo y a la orden para lo que Duhalde necesitara.
Lo fundamental es que Duhalde dispuso del dinero de los contribuyentes y le pagó un viaje a Estados Unidos a los padres de José Luis y al abogado Vecchi con el objetivo de investigar qué está pasando en el país del Norte con Yabrán. Y eso pese a que la Justicia argentina dio por muerto a papi mafi en 1998 y se libró un certificado de defunción. ¿Se habrán gastado 10.000, 20.000 dólares, cuánto, en este viaje-operación política?
El viaje ni siquiera tiene un objetivo económico: Norma y José Cabezas, además de la esposa y la hija de José Luis, iniciaron una acción legal para conseguir de la familia Yabrán una indemnización por la muerte del fotógrafo. El juez fijó un embargo de 14 millones de dólares, que los sucesores de Yabrán cubrieron con la mansión en la que vivía papi-mafi y que constituye apenas una porción modesta de su fortuna. O sea que no se están buscando propiedades para completar el dinero de una eventual indemnización. Tampoco se trata de detectar en serio los fondos de la mafia yabranista en el exterior, algo de lo que no se han ocupado como corresponde ni la Justicia ni el propio Duhalde. En todo caso, lo serio es que el Gobierno juega con la memoria de José Luis, usa a sus padres, sabiendo perfectamente que en California no actuó Yabrán sino un impostor que quería quedarse con una propiedad.
Y ahora viene lo más decepcionante. Lo que me argumentaron ayer. –El de la casa de California fue un trucho. Eso queda claro. Se está usando como una maniobra política. También está claro. ¿Pero eso indica que Yabrán haya muerto? No. Seguro que está disfrutando en alguna playa, lleno de guita, matándose de risa de nosotros y preparando unos gorilas para que vayan a ajustar cuentas con el tal Sánchez en California –me dijeron.
–Pero miren que a mí los criminalistas me demostraron que fraguar la muerte de Yabrán era imposible, que se necesita un muerto, falsificar el ADN, las huellas... –empecé a titubear.
–Dejate de embromar –me cortaron el rostro.
Al final, no me dijeron que soy un tarado. Pero con las miradas estaba todo dicho.
–Al final, este Kollmann resultó un tarado.
Cuando se anunciaron las investigaciones de Clarín y “Hora Clave”, ya me empezaron a mirar en forma socarrona. El título de los dos trabajos era algo así como “¿Está vivo Yabrán? El enorme misterio de la muerte del supercartero, que ahora aparece en Estados Unidos vendiendo una propiedad”.
–Por fin te ponen la tapa, hermano –se frotaba las manos el entorno que me quiere. No hablemos ya de la gente más distante.
Al momento de la muerte de Yabrán consulté a varios criminalistas de los más famosos de la Argentina y a todos les hice la misma pregunta: si a usted lo contrataran por 10 millones de dólares, ¿cómo haría para fraguar el suicidio de Yabrán? La respuesta de los criminalistas fue unánime: es una operación imposible, Yabrán se suicidó.
El argumento –resumido– de los especialistas fue el siguiente:
- Para hacer la operación de fraguar la muerte de Yabrán lo primero que se necesita es el muerto. Hay que buscar una persona, más bien alta como Yabrán, y secuestrarlo. Sería bueno que no tuviera familia, porque obviamente sus allegados harían la denuncia por secuestro. A punta de pistola deberá hacerse el traslado hasta Entre Ríos, llevarlo vivo a la Estancia San Ignacio y después pegarle el tiro con la escopeta en momentos en que está por ingresar –tal como ocurrió– la policía. Instantáneamente los participantes del complot deben hacerse humo por algún lado, porque cuando la policía entró a la habitación, un segundo después del disparo, no había nadie. No es una operación imposible, pero entre el secuestro y el traslado seguramente se necesitan por lo menos cuatro cómplices. Es indudable que se necesitó también de la complicidad de los policías que hicieron el allanamiento.
- Las huellas digitales del muerto se comparan con dos juegos de huellas: uno disponible en Entre Ríos, donde nació Yabrán, y el otro juego en la Policía Federal, donde queda la muestra cuando se hace la cédula. Como es obvio, hay que reemplazar los dos juegos por otros que pertenezcan al muerto trucho. No es una operación imposible, pero requiere de cómplices en dos lugares distintos.
- Yabrán dejó cuatro cartas. Sobre ellas se hicieron peritajes de su letra y su firma, comparando todo con escritos anteriores. Dio positivo: eran la letra y la firma de Yabrán. Claro que los peritos calígrafos pudieron ser comprados. No es una operación imposible, pero otra vez requiere de la complicidad de los cómplices.
- Tres médicos forenses encabezaron la multitudinaria autopsia del cuerpo. En ese trabajo no sólo se buscaba comprobar cómo se mató Yabrán sino que también se cotejaron algunas características del cartero: por ejemplo, tenía la cicatriz en la panza por una operación. También está la comprobación de la dentadura. Es lógico que se puede comprar a los forenses, pero la suma de cómplices se va haciendo grande.
- Finalmente se hizo un estudio de ADN, en el que se extrajo sangre de los hijos de Yabrán y se comparó la identificación genética con el muerto. El resultado fue que coincidían en un 99,99999 por ciento. Puede ser que también esto se truchara e inclusive se argumentó que quien hizo el trabajo en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA fue el doctorDaniel Corach, primo del ministro del Interior. Pese a que es considerado una eminencia en la materia, siempre se puede decir que también se falsificó el análisis de ADN, aunque nuevamente requiere de más y más cómplices.
- A todo este listado hay que agregar que resulta imprescindible para fraguar la muerte de Yabrán la complicidad de la jueza Graciela Pross Laporte, la del comisario Miguel Cosso y cinco acompañantes que hicieron el allanamiento e ingresaron a la habitación un segundo después del disparo mortal, la de dos testigos que ingresaron con la policía, la de los familiares que reconocieron el cuerpo e incluso dos periodistas que vieron el cadáver.
- Queda para el final que todo el proceso fue supervisado por el archienemigo de Yabrán y de Carlos Menem, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, que quería estar seguro de cómo fueron las cosas porque estaba enfrascado en esa batalla desde hacía meses. Yabrán –y Menem– no se le podía escapar con una maniobrita. Un poco más lejos, pero también observando, quedó el otro archienemigo de Yabrán, Domingo Cavallo, atento a verificar que el final de papi-mafi no fuera falsa. Es cierto que tres años más tarde los que parecían enemigos mortales no lo fueron tanto: Cavallo firmó vergonzosamente un acta-acuerdo con la familia Yabrán en la que le pedía disculpas por haberlo acusado de mafioso en su momento.
Es decir: los criminalistas opinaron que cada una de estas maniobras, desde conseguir el futuro muerto hasta comprar a la jueza, se pudieron hacer. Pero no eran posibles tantas maniobras juntas. “Es imposible una operación de ese tipo con 30 cómplices. No hay un secreto entre 30. Al menos uno devela el secreto, siempre”, argumentaron los científicos que consulté en 1998.
De todas maneras, reconozco que en estos cuatro años siempre me invadió el pánico cuando el tema salía en una conversación: invariablemente me colgaban el cartelito de “El único tarado que se cree que Yabrán está muerto”. Argumentos no le faltaban a la gente: un mafioso como Yabrán, que todo el tiempo andaba rodeado de guardaespaldas forjados como asesinos durante la dictadura, que se nutría de un aparato que le ponía bombas a la competencia y con un patrimonio de 2000 millones de dólares, bien podría fraguar su muerte. Además, se le imputaba el siniestro asesinato de José Luis Cabezas.
No se imaginan cómo sufrí cuando se anunciaron las investigaciones de Clarín y “Hora Clave”.
Clarín descubrió una historia magnífica: un hombre se presentó en una escribanía en California con un pasaporte a nombre de Alfredo Yabrán, con el número verdadero de su documento y firmó la venta de una propiedad con una rúbrica casi idéntica a la del supercartero. Pero el diario no presentó la investigación como “un sujeto se hizo pasar por Yabrán para quedarse con una propiedad”. La anunció entre los tradicionales signos de pregunta: “¿Yabrán vive?”.
Leyendo las sucesivas entregas del trabajo de Clarín se llega nítidamente a la conclusión de que quien firmó en California fue un impostor. Uno de los dos calígrafos consultados por el diario sostiene que la firma no corresponde a Yabrán. El otro calígrafo no se pronuncia porque quiere ver el original. Y la escribana actuante, cuando le muestran la foto de Yabrán, sostiene que ése no fue el hombre que estuvo en su escribanía.
Bien pensada, la historia difícilmente podía vincularse a un Yabrán con vida. Después de hacer las increíbles maniobras que habría hecho para fraguar su muerte en la Argentina, hubiera sido un híper-híper-cándido si se presentaba en una escribanía de California, con su propio nombre y documento, a vender una casa por 250.000 dólares, siendo ésa apenas una de las miles de propiedades que tenía papi-mafi. Lo que sucedió está cantado: un impostor le vendió la casa en California a una sociedad de Yabrán, Yabito, cuyo apoderado es un tal Sánchez, que de esa manera se quedó con la propiedad sin pagar el inmenso impuesto sucesorio que existe en Estados Unidos. Además, debe ser uno de los cientos de testaferros que tenía Yabrán en su estructura mafiosa y que aprovecharon su muerte para quedarse con los bienes. Lo curioso, insisto, es que Clarín, que ya conocía el resultado de su propia investigación, no tituló mencionando que un impostor actuó en California sino que fomentó el interrogante sobre la muerte de Yabrán.
“Hora Clave” fue por un camino parecido. El programa del domingo, anunciado otra vez como la gran duda sobre la vida y la muerte de Yabrán, llegó exactamente a la misma conclusión: en California actuó un impostor. Esta vez la prueba fue una huella digital. Sucede que en ese Estado norteamericano hay que dejar la huella digital en las escribanías cuando uno compra o vende una propiedad. El programa conducido por Mariano Grondona consiguió esa huella digital y la comparó con la que figura en el expediente por el suicidio de Yabrán. Allí hay un problema: si el suicida era un Yabrán trucho, su huella digital no se correspondía con la huella digital verdadera de papi-mafi. Es posible que la huella no sea la del cadáver, sino de los juegos enviados por la administración provincial o la Policía Federal: en ese caso tampoco podía haber una discrepancia con las del cadáver, porque si no se descubría el fraude. Lo concreto es que “Hora Clave” puso claramente de relieve que la huella digital de California no se parecía en nada a la del expediente de Entre Ríos, por lo que quedó probado que el que firmó en Estados Unidos, con firma distinta y cara distinta, era un vivillo, no Yabrán.
Lo más serio de toda esta historia es la actuación del presidente Eduardo Duhalde. Vio una veta en fabricar un poco de polvareda política a partir del fantasma de Yabrán y de la muerte de José Luis Cabezas. Rápidamente convocó a los padres de José Luis y a su abogado, Alejandro Vecchi. Es curioso. Hace unos meses, en medio de los cacerolazos, los piqueteros y la convulsión social, Duhalde encontró un rato para firmar un indulto a favor del abogado Vecchi. No es que éste haya dado un mal paso participando de alguna utopía revolucionaria. No. Lo indultó, entre gallos y medianoche, después que un tribunal lo condenó por haberse quedado con dinero de sus defendidos. Ahora Vecchi estaba listo y a la orden para lo que Duhalde necesitara.
Lo fundamental es que Duhalde dispuso del dinero de los contribuyentes y le pagó un viaje a Estados Unidos a los padres de José Luis y al abogado Vecchi con el objetivo de investigar qué está pasando en el país del Norte con Yabrán. Y eso pese a que la Justicia argentina dio por muerto a papi mafi en 1998 y se libró un certificado de defunción. ¿Se habrán gastado 10.000, 20.000 dólares, cuánto, en este viaje-operación política?
El viaje ni siquiera tiene un objetivo económico: Norma y José Cabezas, además de la esposa y la hija de José Luis, iniciaron una acción legal para conseguir de la familia Yabrán una indemnización por la muerte del fotógrafo. El juez fijó un embargo de 14 millones de dólares, que los sucesores de Yabrán cubrieron con la mansión en la que vivía papi-mafi y que constituye apenas una porción modesta de su fortuna. O sea que no se están buscando propiedades para completar el dinero de una eventual indemnización. Tampoco se trata de detectar en serio los fondos de la mafia yabranista en el exterior, algo de lo que no se han ocupado como corresponde ni la Justicia ni el propio Duhalde. En todo caso, lo serio es que el Gobierno juega con la memoria de José Luis, usa a sus padres, sabiendo perfectamente que en California no actuó Yabrán sino un impostor que quería quedarse con una propiedad.
Y ahora viene lo más decepcionante. Lo que me argumentaron ayer. –El de la casa de California fue un trucho. Eso queda claro. Se está usando como una maniobra política. También está claro. ¿Pero eso indica que Yabrán haya muerto? No. Seguro que está disfrutando en alguna playa, lleno de guita, matándose de risa de nosotros y preparando unos gorilas para que vayan a ajustar cuentas con el tal Sánchez en California –me dijeron.
–Pero miren que a mí los criminalistas me demostraron que fraguar la muerte de Yabrán era imposible, que se necesita un muerto, falsificar el ADN, las huellas... –empecé a titubear.
–Dejate de embromar –me cortaron el rostro.
Al final, no me dijeron que soy un tarado. Pero con las miradas estaba todo dicho.
Tras mucho tiempo después
de su fallecimiento La Nación,da su parecer del modo que murió:
La
muerte de Alfredo Yabrán
Murió como vivió, rodeado de un gran misterio
Por Gabriel Pasquini y Jorge Camarasa
(Enviados especiales)
(Enviados especiales)
GUALEGUAYCHU.- Con el rostro devastado
por la perdigonada de un escopetazo, Alfredo Yabrán acabó para los registros
oficiales ayer a las 13.10 una persecución judicial que había comenzado el 25
de enero de 1997. Ese día, en que el cadáver del reportero gráfico José Luis
Cabezas fue encontrado en una cava cercana a Pinamar, la suerte de Yabrán
empezó a tambalear, hasta la caída definitiva en una de sus tantas propiedades
rodeadas de misterio.
Ayer, cuando llevaba casi cinco días evadiendo la orden de captura
que le había librado el juez José Luis Macchi, una comisión policial se topó
con un cadáver sin rostro que un abogado teóricamente sin cliente reconoció
como el de Alfredo Yabrán.
Su muerte ocurrió como su vida: en circunstancias misteriosas que
empujan a toda clase de conjeturas y a las teorías más descabelladas.
El relato crudo de los hechos tocó a un personaje igualmente
imprevisible: Pablo Bianchi, un fotógrafo del diario La Calle, de Concepción
del Uruguay, que se convirtió en relator de lo que los policías que encontraron
el cuerpo le contaron.
De acuerdo con la narración, que Bianchi obtuvo inmediatamente
después de los hechos, la comisión policial llegó a la estancia San Ignacio, a
unos 80 kilómetros
de esta ciudad, al mediodía y, después de revisar los puestos periféricos, se
encaminaron hacia el lujoso chalet que hace las veces de casco central.
Allí, revisaron el enorme living-comedor, la cocina inmensa y dos
habitaciones con baño en suite sin resultado. El último cuarto estaba cerrado
con llave. Los policías la reclamaron a uno de los cuidadores, que dijo no
saber dónde estaba. Ante la insistencia, la buscó entre un manojo y creyó
identificarla.
Los policías la probaron y efectivamente el cerrojo se destrabó.
Giraron el picaporte y sintieron un disparo.
Con los reflejos de la profesión, se arrojaron al piso y comenzaron
a gritarle "Don Alfredo, Don Alfredo". Creyeron que el empresario
había enloquecido y que pensaba resistirse a tiros. Uno de los empleados de la
estancia gritó: "No disparen, no disparen... adentro está don
Alfredo".
Después de un rato, se animaron a entrar y encontraron, a medio
camino entre el baño y la habitación, un cadáver con la cabeza destrozada por
un disparo de escopeta 12/70 milímetros, que, según una tomografía computada posterior,
le incrustó 30 perdigones en la masa encefálica.
NO LO VEÍAN
CASI NUNCA
Según este relato, los cuidadores dijeron que no veían a Yabrán casi
nunca -punto corroborado por otros testimonios locales- y que, aparentemente,
estaba allí desde hacía un par de días.
Hasta entonces, solamente había despertado curiosidad la presencia
de dos camionetas cuatro por cuatro ajenas a la zona, cuyos ocupantes se habían
identificado como cazadores.
Uno de los vehículos, según un testimonio recogido por la prensa local,
habría salido de San Ignacio en el momento en que entraba la policía, apenas
después de las 13.
San Ignacio pertenece a Yabrán desde hace unos cinco años, cuando la
compró a Ricardo Berisso. Tiene unas 3000 hectáreas y
está ubicada junto a una pequeña aldea llamada San Antonio, originalmente una
colonia alemana con una fuerte influencia evangelista. En esa zona hay tambos,
se cultiva trigo y arroz.
La estancia está ubicada a 100 kilómetros al
noroeste de Larroque, el pueblo donde nació y creció Yabrán.
ENTUERTO
JUDICIAL
En rigor, San Ignacio, que está justo en el límite entre los
departamentos de Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, dio pie a un entuerto
judicial.
Por un lado la jueza de instrucción de Concepción del Uruguay, María
Cristina Calveira, ordenó al jefe de investigaciones, comisario principal Julio
Seves, que se ocupara del reconocimiento del lugar con vistas a un
allanamiento.
Entonces, descubrió que necesitaría la aprobación de la jueza de
instrucción de Gualeguaychú, Graciela Pross Laporte, para entrar en su
territorio. El resultado fue que Pross Laporte encabezó el allanamiento con
Julio Seves, y Calveira llegó después, pese a estar más cerca.
La confusión dio pie a un debate casi folklórico sobre cuál sería el
destino del cadáver encontrado en la estancia: si Concepción del Uruguay o
Gualeguaychú. A tal punto llegó el debate pueblerino que los directores de los
hospitales de ambas ciudades aseguraban a los periodistas que la autopsia se
realizaría bajo su respectiva dirección.
Por la tarde, mientras empezaban a trascender los primeros detalles,
llegaron a San Ignacio Amelia y Miguel Oscar, hermanos del empresario, a
quienes acompañaba su abogado de Larroque, Rubén Virué.
También había llegado desde Buenos Aires el doctor Pablo Argibay Molina,
quien, cinco minutos antes de las ocho de la noche, dijo sin que nadie se lo
preguntara: "Confirmo que el muerto es Enrique Alfredo Nallib
Yabrán". Lo repitió como una letanía frente a toda pregunta.
Faltaba una
hora, todavía, para que ocurriera el penúltimo acto de la tragedia. Sucedió en
la clínica Cometra, de Gualeguaychú, cuando minutos antes de hacer la
tomografía computada, el cadáver se resbaló de la camilla y cayó al suelo.
Después, presagiando lo que vendría, el cuerpo de Alfredo Yabrán fue llevado a
la morgue del Cementerio Norte, donde al cierre de esta edición se le seguía
haciendo la autopsia.
América 24,señal de noticias apuntó a uno de los
sospechosos en su momento de la causa.
Estas fueron las fotos de su recuerdo.
Y recordemos.No nos olvidemos de José Luis Cabezas.
Algunas fuentes son sustraídas de Wikipedia.org
El resto de tales están citadas en el desarrollo del
post.
(Elaborado por Galaxia Teletransportadora).



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